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domingo 19 de mayo de 2013

La Agencia Tributaria prefiere perseguir a conservadores y pone en apuros a Obama

La atención especial de la Agencia Tributaria a algunas organizaciones conservadoras es el escándalo más importante de esta semana para el gobierno de Obama. Aquí lo explico. Hace un par de días hablé del otro gran lío con la agencia AP y las filtraciones.

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El viernes 10 de mayo por la mañana había en el Grand Hyatt de Washington una reunión de la sección de especialistas en impuestos del Colegio de Abogados de Estados Unidos. En la sesión titulada “Novedades de la Agencia Tributaria y el Tesoro” hablaba Lois Lerner (en la foto), directora de la División de organizaciones exentas de impuestos de la Agencia.

loislerner

Había acabado su charla. Quedaba el turno para una última pregunta. Fue esta, de Celia Roady, una abogada de temas fiscales: “Lois, hace unos meses hubo preocupación sobre las revisiones de la Agencia a las organizaciones 501c4, de aplicciones de organizaciones del Tea Party. Me preguntaba si podrías contarnos algo más”.

Las 501c4 son organizaciones sin ánimo de lucro, que no pagan impuestos y que no pueden tener la participación activa en política como “dedicación principal”. A cambio, pueden mantener oculta su lista de donantes. La descripción de las actividades aceptadas para obtener la exención fiscal es ambigua: pueden por ejemplo hacer lobby, pero no participar en campañas electorales -al menos no con más de la mitad de su presupuesto.

La respuesta de Lerner a la pregunta de Roady fue sorprendente, inesperada. Reconoció que la Agencia, ante la avalancha de peticiones en 2010, había optado por filtrar por nombre en lugar de atender todas las peticiones con el mismo rigor.

La Agencia Tributaria no tenía capacidad ni mandato para medir bien la dedicación política de las organizaciones. Así que optaron por retener y pedir datos específicos a las organizaciones que tenían las palabras “Tea Party” o “Patriots”, por ejemplo, en el nombre. Estas exigencias molestaron a algunos aspirantes: lista de donantes, impresiones de comentarios en Facebook o detalles de las reuniones.

La consecuencia fue que muchas de estas organizaciones tardaron meses y meses en obtener su título. O retiraron su petición. Era un modo de evitar el fraude. Aunque la confirmación oficial de la Agencia no es esencial para estas organizaciones: pueden trabajar igual sin ella.

Los asistentes a la sesión de Lerner estaban alucinados. Ese tipo de revelaciones eran impropias de un encuentro insípido como aquel. Como es lógico, la noticia corrió en seguida: la Agencia Tributaria apartaba y perseguía a grupos conservadores.

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La decisión original se tomó en una sede de la Agencia en Cincinnati, Ohio, en 2010. Cuando los jefes se enteraron en 2011 vieron el peligro y modificaron los criterios de filtro. Pero hasta 2012 la práctica no cesó.

Para entonces, un inspector ya preparaba una investigación. El resultado salió publicado el miércoles. Luego se supo que la pregunta a Lerner estaba preparada para parar el golpe, pedir disculpas y poderse explicar ante un foro importante sobre algo que iba a estallar al cabo de unos días.

El viernes 17 de mayo empezaron las audiencias en el Congreso. Los primeros en declarar fueron el autor del informe y el ya ex director de la Agencia, Steven Miller. Obama le había pedido que dimitiera y había aceptado. Miller dijo que la Agencia se había comportado de manera “repulsiva”, pero “no ilegal”. Está por ver.

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El escándalo no ha terminado. Hay básicamente dos preguntas que aún deben contestarse con precisión: una, ¿actuaron los funcionarios de la Agencia Tributaria movidos por partidismo? Solo se sabe de una organización progresista cuyo expediente fuera retenido. Hay aquí, aquí y aquí en cambio pruebas de que los progresistas salvaban el escollo rápido. Aunque en esta investigación del NYTimes citan a algunos grupos progres que sí recibieron el mismo trato.

¿Por qué? Lerner dijo que se habian dedicado a complicar la vida a organizaciones con “Tea Party” en el nombre por el crecimiento de aplicaciones. Aquí demuestran que en 2010 hubo menos que en 2009. La pregunta está por responder.

Dos, ¿cuándo lo supo la Casa Blanca? El inspector avisó al vicesecretario del Tesoro, Neal Wolin, en junio de 2012 del inicio de una auditoría sobre el trato a grupos conservadores, pero no del resultado. Wolin ha dicho que no lo comunicó a nadie más arriba. Aquí dicen que en julio de 2012 se enteró también Darrell Issa, uno de los más feroces congresistas republicanos. Puede haber sorpresas.

Las audiencias en el Congreso relacionadas con el caso van a seguir. Sigue todo abierto. Los republicanos no se van a conformar con estas respuestas. La Agencia Tributaria -que cobra los odiados impuestos y que deberá gestionar la implantación de Obamacare en breve- es un objetivo que no pueden menospreciar. Es un regalo. Si yo fuera republicano, no lo haría; es agitar contra la “burocracia diseñada a confiscar tu dinero”.


Da la casualidad de que la jefa de la división de exención de impuestos entre 2009 y 2012, Sarah Hall Ingram, es ahora la encargada de la legislación sanitaria. Aunque el inspector no la cita en su informe, hay quien sugiere que será igual de dura con los conservadores. Si los republicanos tuvieran una excusa para retrasar o herir Obamacare sería una pieza de caza mayor. Ya han empezado a intentarlo.

Las teorías de conspiraciones se extienden rápido. Esta sugerencia del activista anti impuestos Grover Norquist es quizá la más elocuente que he encontrado entre célebres conservadores. Sugiere que el ambiente creado por Obama llevaría a estas actuaciones:

Aquí explican la misma teoría en un artículo (no es un punto de vista extremo; el autor de la pieza del link, Erick Erickson, salía hasta hace poco en la CNN como voz conservadora).

Los republicanos tratarán de enrarecer el ambiente. Esto es política. A Obama puede parecerle absurdo y de momento ha reaccionado rápido con la dimisión de Miller. Pero este escándalo no ha acabado y el presidente no tiene más cartuchos. No es Nixon, ni Irán-Contra ni Lewinsky, pero puede frenar sus expectativas legislativas. En el próximo post hablaré de Bengasi, Sebelius y qué puede quedar tras esta semana difícil para el presidente.

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Comentarios Un comentario

Comentarios

  • 21.05.2013 rojobilbao

    Miller dijo que la Agencia se había comportado de manera “repulsiva”, pero “no ilegal”.

    Hombre, si en vez de “tea party” la administración Bush hubiera hecho lo mismo con términos como “afroamericano”, “gay” o “progresista” ¿diría lo mismo?

    Le recuerda Sarah Palin a Obama que “la ley Hatch previene a ciertos empleados federales de participar en actividades políticas. En concreto, es ilegal para esos empleados federales emprender una acción a favor o en contra de un partido político, un candidato a un cargo político partidista o un grupo político partidista.” Y esto es lo que ha ocurrido.

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