ObamaWORLD

martes 21 de mayo de 2013

El verdadero peligro para la presidencia menguante de Obama

Llevo dos posts sobre la administración Obama y sus escándalos. Hoy hablaré de Bengasi y del lío aún menor de la secretaria de Sanidad, Kathleen Sebelius. Pero esto no es la noticia. La noticia es que los tentáculos de los escándalos no paran de crecer.

Ayer lunes se supieron novedades sobre los casos de Bengasi y la agencia tributaria. Pero la explosión del día fue que el Departamento de Justicia había investigado a un periodista de Fox en 2010 para pillar a un filtrador de información en el Departamento de Estado. Los periodistas trinan con estos casos.

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Empiezo por Bengasi. El 11 de septiembre de 2012 murieron en la sede diplomática de Bengasi el embajador en Libia, Chris Stevens, y tres americanos más. Faltaban seis semanas para las elecciones. Ese mismo día había habido protestas ante las embajadas en Cairo y Sanaa por una película irreverente sobre Mahoma producida en Los Angeles.

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La primera reacción del gobierno fue relacionarlo. Este es el comunicado de la Casa Blanca a las 7.22 del 12 de septiembre: “Mientras Estados Unidos rechaza los esfuerzos para denigrar las creencias de otros, debemos inequívocamente oponernos a esta violencia sin sentido que se llevó las vidas de estos funcionarios”.

Tres horas y media más tarde, el presidente sale al Rose Garden a leer un texto más largo. Ahí cita esta referencia: “Ningún acto de terror hará temblar la determinación de esta gran nación, alterar su carácter o eclipsar la luz de los valores que defendemos”.

Aún el miércoles 12 preguntan a Obama en la tele si Bengasi era una manifestación normal o algo más: “Estamos aún investigando qué pasó”, dice Obama. Sería la tesis del gobierno durante dias. Pero algunos periodistas hablan ya de Al Qaeda. Empezaban los rumores.

Hasta el domingo 16. Ese día la embajadora de Estados Unidos en la ONU, Susan Rice, va a los célebres programas de actualidad del domingo. Dice que no saben aún si fue planeado y vuelve a mencionar el vídeo antimusulmán. El argumento de la administración era de una protesta que se había radicalizado. ¿Fue Al Qaeda? Aún no se sabía con certeza.

La rabia de los republicanos en la oposición crecía porque creían que el gobierno ocultaba información para salvar la reelección del presidente. Ese mismo día el gobierno libio dijo que era un ataque planificado. El 19 de septiembre, el director del Centro Nacional Antiterrorista, Matthew Olsen, dijo en el Congreso que fue un atentado. Ya no había dudas. Pero el caso sobre Bengasi acababa de empezar.

El 2 de octubre la secretaria de Estado, Hillary Clinton, nombró una comisión para que investigara y recomendara cambios sobre la seguridad en sedes diplomáticas. Faltaba muy poco para la elección y los republicanos querían aclarar varias cosas: ¿había mentido la administración a sabiendas? ¿Habían minimizado la capacidad de Al Qaeda de atacar y de hacerlo en un país de la primavera árabe que tanto gustaba al presidente? ¿Se podría haber hecho más para haberlo evitado antes y durante?

A pesar de que el caso se politizó en seguida por culpa de la campaña, había preguntas clave sin responder. El 16 de agosto un cable desde Libia había pedido más seguridad para Bengasi. Pero no se había atendido. Clinton dijo que no lo leyó; no está claro si lo firmó el embajador Stevens.

Mitt Romney intentó aprovechar los hipotéticos errores de la administración en un debate presidencial. Pero no le salió bien.

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Obama ganó las elecciones, pero Bengasi siguió. El informe de la comisión salió en diciembre y acusaba a cuatro personas del Departamento de Estado, pero ningún alto cargo. Hacía 29 recomendaciones, que empezarán a aplicarse a final de año.

En enero, Hillary Clinton declaró en el Congreso sin sobresaltos. Aparte del interés genuino en resolver el asunto, si los republicanos logran hacer caer a la presunta favorita para las elecciones de 2016 sería un servicio magnífico a su partido.

Hace unos días se publicaron cien páginas de correos que debían explicar si el Departamento de Estado o la Casa Blanca habían obligado a los servicios de inteligencia a retocar información para que no pareciera que por la actividad de grupos terroristas en la zona se veía venir. Al final, parece que fue la misma CIA la que prefirió sacarlo a falta de pruebas. Aquí dan la creíble versión contraria. (En los enlaces están todos los detalles.)

Obama parece salvado, pero Hillary sigue pendiente de si va a tener que volver a declarar porque emerjan nuevas pruebas. Hoy se ha sabido que uno de los cuatro funcionarios del Departamento de Estado que fue suspendido como presunto responsable tenía poco que ver con la seguridad en Bengasi y Libia. Los autores del informe le señalaron porque declaró no leer los informes clasificados que recibía cada mañana. La acusación no parece definitiva, pero el titular de la exclusiva no es algo que quiera ver una candidata presidencial: “Habla el ‘cabeza de turco’ de Hillary”.

Así está Bengasi. Aún surgen nuevas revelaciones. Los republicanos deben ir con cuidado. No deben exagerar. La publicación de los emails de la Casa Blanca se hizo en parte para demostrar que alguien -presuntamente un republicano- había filtrado a un periodista el contenido falso de un mensaje para implicar a la Casa Blanca. Es el escándalo más persistente de los que corren ahora por Washington. A estas alturas, no es el más peligroso para Obama, pero sí para Hillary.

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El escándalo de la secretaria de Sanidad, Sebelius, no ha saltado en masa a los grandes medios. Aún corre sobre todo por medios conservadores. En 2014 debe empezar a implantarse Obamacare, la reforma sanitaria. El gran objetivo es que millones de americanos que hasta ahora no están asegurados pasen a estarlo a un precio razonable o con ayuda pública. Así las aseguradoreas tendrán nuevos ingresos para cubrir otras exigencias de la ley.

sebelius

Una prioridad en los próximos meses será dar a conocer las opciones a esos ciudadanos. El Congreso no ha asignado todos los fondos que el gobierno decía necesitar para esa tarea. Una organización sin ánimo de lucro, Enroll America, cuya presidenta fue miembro de la campaña de Obama en 2008, quiere ayudar. Pero necesita dinero.

La secretaria de Sanidad ha pedido a empresas privadas relacionadas con el sector que colaboren. No es ilegal pedir apoyo para organizaciones sin ánimo de lucro, pero algún empresario puede “sentirse obligado” a participar. Un portavoz de Sebelius ha dicho que la secretaria no ha llamado a ninguna regulada por el gobierno. Es por ahora un lío menor, pero que crecerá cuando se acerque Obamacare.

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El domingo el Washington Post publicó otro caso donde el Departamento de Justicia había investigado una filtración a la prensa. En 2009 el periodista de Fox Jim Rosen había publicado una información sobre los planes de Corea del Norte. En el texto decía que la CIA los había obtenido “gracias a fuentes dentro de Corea del Norte”. Es una revelación importante para la seguridad de los presuntos agntes o espías.

No es por supuesto la primera vez que el gobierno intenta averiguar quién ha filtrado un secreto, pero aquí ocurren dos cosas: la administración Obama es más feroz al perseguir y, en este caso, el gobierno se mete en el trabajo del periodista e incluso le acusa de “coconspirador”, es decir, de criminal por hacer lo que debe. No hay ninguna ley que prohíba publicar secretos (ya lo conté aquí.)

Si no fuera terrible, sería gracioso. El filtrador -cuyo juicio será seguramente en 2014- dijo a los agentes del FBI que esperaba que el periodista “pudiera ponerle en un think tank” y que “explotó mi vanidad”. El FBI también cree que el periodista usó la vanidad y el ego del acusado para lograr información -que es algo que los periodistas hacemos sin parar.

El problema con este caso -más aún que con el de AP- es que el gobierno amenaza y atemoriza a los periodistas cuyo trabajo es desvelar casos de seguridad nacional. Es admisible que el gobierno quiera defenderse, más en este caso donde la noticia no tenía suficiente peso como para desvelar que la CIA espía en Corea del Norte -eso sí que es noticia.

Las filtraciones suponen un problema constante para Obama: la administración se habría disculpado ahora porque medios americanos publicaron que el ataque reciente a un arsenal en Siria fue lanzado por Israel. El gobierno de Netanyahu aún no lo ha reconocido.

La publicación pone en peligro a soldados y civiles israelíes. Para el gobierno es un aprieto. Quizá hay ya otra investigación para ese caso. Obama debe defender a quienes trabajan para él, pero el equilibrio con la libertad de prensa es difícil de lograr, y se le ha ido de las manos.

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Estos escándalos suponen tres problemas para Obama: primero, escándalos traen escándalos. A los periodistas y a la oposición les encanta encontrar nuevas revelaciones. Cada día se desentierran nuevos hilos ocultos. Aunque sea en una rueda de prensa del portavoz.

Segundo, estos cuatro escándalos nutren la teoría republicana de que el gobierno, siempre que puede, sobrepasa sus mandato y poderes. No solo eso. Ahora la vigilancia es más fácil. El gobierno usa bases de datos y otras herramientas electrónicas para mejorar su vigilancia. Obama prometió la administración “más transparente de la historia”. No lo es.

Tercero, el tiempo apremia. Por ahora la popularidad del presidente resiste, pero los americanos creen que estos casos son importantes. Cuanto más tiempo se dedique a estos asuntos, menos va a avanzar la agenda del presidente: ¿por qué no he hablado en este blog de la probable reforma de inmigración o del cambio climático? Porque la actualidad lleva de momento por aquí.

Con este runrún, los republicanos van a repetir que el gobierno se mete en las vidas de todos de cara a las elecciones al Congreso de 2014. Si los demócratas no recuperan, los grandes hitos de la presidencia de Obama habrán casi acabado. Deberá dedicarse a defender la aplicación de la reforma sanitaria.

El jueves Obama tiene un discurso importante sobre qué hará en asuntos dudosos de seguridad nacional: Guantánamo y drones, sobre todo. Intentará cambiar el foco, pero no será fácil.

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Comentarios 9 comentarios

Comentarios

  • 21.05.2013 Gerardo

    No voy a negar que siento más “simpatías” por el partido demócrata, pero siempre he sido consciente de que la política es interés y

  • 21.05.2013 Gerardo

    No voy a negar que siento más “simpatías” por el partido demócrata, pero siempre he sido consciente de que la política es interés y Obama es como cualquier político: un superviviente. Se hace lo que convenga en cada momento. Ahora la prensa en general, incluso la pro-demócrata, ha “descubierto” que Obama es “como todos”. Recuerdo cuando la prensa americana se quejaba de que los Obama no salían a diario, estaban deseosos de tener imágenes de los dos. Seguían cada acto suyo como bobos. Estaba claro que tarde o temprano iba a volverse en su contra. Hace no mucho, uno de los periodistas del Water Gate (periodistas respetados, legendarios) dijo haber recibido amenazas de la Casa Blanca y no se le dio taaanta importancia. Algo ha cambiado sin duda. Parece que Obama puede convertirse en estorbo y pato cojo antes de tiempo.

  • 21.05.2013 Jordi Pérez Colomé

    El escándalo de Bob Woodward fue un bluf. Las presuntas amenazas fueron menores de lo que el periodista sugería. Woodward exageró: http://www.huffingtonpost.com/2013/02/28/bob-....81052.html

  • 21.05.2013 Enrique

    Me temo que lo habitual en casos de seguridad es que los gobiernos tiendan a sobrepasar los límites legales para asegurar a sus agentes. Supongo que la decisión debe ser difícil.
    @qviqve33

  • 21.05.2013 HPerezTapia

    Enrique,

    sin duda es difícil ponderar la seguridad de los agentes frente a las necesidades de una prensa libre, pero eso pasa por atacar las filtraciones (que son un delito, aunque la administración Obama haga uso de ellas convenientemente -¿Zero Dark Thirty?-) y nunca por atacar a quien hace su trabajo dentro de la legalidad (el periodista).

    Sin prensa libre no hay control democrático que valga.

    Héctor

  • 21.05.2013 juan

    Hola Jordi.
    Te agradezco este blog. No siempre estoy de acuerdo con lo que dices, mis simpatías están con los republicanos pero es de agradecer que intentes explicar
    la política de USA intentando ser lo mas imparcial posible(aunque no siempre lo consigues :))
    Un saludo y seguiré leyéndote.

  • 22.05.2013 ENRIQUE

    Hola Héctor,
    Efectivamente tienen un grave problema con las filtraciones y estoy de acuerdo contigo en que la culpa no es del periodista si no del que filtra.

  • 22.05.2013 godino

    Esta anotación está menos cuidada que las anteriores y está peor escrita y es menos clara.

  • 22.05.2013 Jesus

    Las dudas alrededor del drama de Benghazi ha sido alimentado una y otra vez por los republicanos — esos mismos que no vinculan a Bush con los ataque del 9/11 o han olvidado el ataque de Beirut, bajo Reagan, el que costo la vida a 241 marines — primero para tratar de ultilizarlo contra la reeleccion de Obama y ahora para tratar de entorpecer la muy posible campaña de Hillary.
    Con la publicacion de los 100 email por parte de la administracion ya se comprobo quien miente y quien manipula en este caso, mas alla que los republicanos quieran continuar y los periodistas, algunos por intereses politicos y otros por puro sensacionalismo quieran continuar girando la rueda del “escandalo”.
    En cuanto a la filtracion de informaciones de inteligencia por parte de funcionarios es logico que la administracion tome las medidas necesarias para enfrentar las mismas — hace unos meses los republicanos ponian el grito en el cielo debido a que no se tomaban las medidas pertinentes para evitarlas — una actuacion muy diferente a cuando, bajo la administracion Bush, se dio a conocer, para vengarse de un informe emitido por su esposo que ponia en dudas justificaciones para llevar a cabo la Guerra de Irak, que Valerie Plame era una agente de la CIA y por supuesto a los entorpecimientos llevados a cabo cuando “garganta profunda” dio conocer los delitos cometidos bajo la adminstracion Nixon.

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